diumenge, 12 de juny de 2011

Nos representan o no
La explosión de los indignados es el síntoma de la ineficiencia de la democracia española. Ahora mismo, el Gobierno intenta sacar adelante una reforma laboral en la que no cree porque se la imponen desde Bruselas. No se rebela contra los mercados, pero, para no molestar a su clientela electoral, se queda a medias. Y, haga lo que haga, los partidos rivales harán todo lo posible para que fracase. La degeneración de la democracia española en partitocracia plantea dos problemas: ya no sirve para resolver los problemas y, encima, deja sin esperanza a la gente.

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