diumenge, 10 de juliol de 2011

Gobiernos y empresas, en manos de tres oráculos
"¿Pero quién demonios son para juzgarnos?", exclamó el ministro de Finanzas de Canadá, Paul Martin, en febrero de 1995. Un día antes, Moody's sorprendió a los mercados por el simple anuncio de que ponía bajo revisión para una posible rebaja la deuda de Canadá. Para el Tesoro canadiense, la broma le costó 300 millones de dólares en intereses adicionales sobre su deuda soberana, que no recuperó la nota más solvente (AAA) hasta el 2002.