diumenge, 8 d’abril de 2012

La sociedad española
nuestro país está inmerso en un delirio cainita que va más allá de la política y contamina todos los ámbitos, incluido el deportivo. Sólo así se explica que, cuatro años después de estallar la crisis, nuestros grandes partidos hayan sido incapaces de hilvanar los pactos imprescindibles para reconducir con solvencia una situación de emergencia. Sólo se explica también por la generalización de la corrupción -y por el consecuente envilecimiento que provoca- el hecho de que sucesivas elecciones en diversos lugares no hayan sancionado los escándalos incubados clientelarmente desde el poder, a causa quizá de la convicción generalizada de que todos los partidos son iguales. Y, por último, sólo la desagregación social y el miedo explican el "sálvese el que pueda" que parece ser hoy el santo y seña de los españoles.